Todo comenzó en 1870, en Girona. Una mujer, María Gay Tibau, junto con Carmen Esteve Andoca, decidió responder a la sufrimiento de los enfermos con una presencia sencilla y concreta: acompañar, asistir, vigilar.
Aquella primera noche del 29 de junio de 1870, que se produjo casi en el silencio de las casas de Girona, se convertiría en el inicio de una historia mucho más grande. De una pequeña comunidad surgió una misión.
Desde la misión, una presencia que con el tiempo ha recorrido países, culturas y continentes.


